En la adolescencia temprana el pensamiento tiende aún a ser concreto, con fines muy inmediatos, y la separación de los padres apenas comienza, con una actitud rebelde, pero sin un real distanciamiento interno. Las amistades son fundamentalmente del mismo sexo. Se tiende al grupo con un tímido avance hacia el sexo opuesto. La religiosidad a veces se exacerba y, en otros casos, se apaga.
Debido a los rápidos cambios físicos y psíquicos que experimenta el adolescente normal, tempranamente siente que la experiencia interna empieza a cambiar más rápidamente que la confirmación externa, ya que los padres lo siguen tratando como un niño. Es en el grupo, ya heterosexual, en donde los adolescentes tempranos auto-afirman su identidad, vistiéndose igual, escuchando la misma música y hablando igual para ser aceptados.
Son frecuentes las demostraciones de mal genio y las populares rabietas muchas veces abiertamente dirigidas a los padres. En algunos casos, estas manifestaciones pueden transformarse incluso en conductas antisociales y delincuentes.
Si éstas son ocasionales, no implican necesariamente posteriores trastornos psicopatológicos. En otros casos, la alteración emocional se traduce por una retirada pasiva de los intereses o actividades habituales, el niño se encierra en sí mismo, recluyéndose en su habitación y presentando síntomas claros o enmascarados de tipo depresivo. Todas estas conductas son esperables en esta etapa.
martes, 25 de mayo de 2010
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